Conversación de besugos
David: Tonta.
Alicia: Idiota!
David: Imbécil.
Alicia: Asqueroso.
David: Asquerosa.
Alicia: Imbécil.
David: Imbécila.
Alicia: Jajajaja! ¡Qué cutre!
David: ¡Qué cutra!
Recordando viejos tiempos. Sí, eso ocurrió de verdad… David y yo nos queríamos mucho, a nuestra manera…
A la tercera no va la vencida
Recordemos el anterior post. Pues ayer volví a llamar. La conversación fue algo así:
Conserje: EOI *********, ¿sí?
Alicia: Hola, ayer llamé para desapuntarme de la escuela y me dijeron que volviese a llamar hoy…
Conserje: Ahh, sí… ¿Sabes lo que pasa? Están arreglando las centralitas y no podemos pasar las llamadas a secretaría, se han puesto esta tarde y por eso aún no te podemos pasar con las secretarias…
Alicia: Ah, vale… ¿Y para mañana estará?
Conserje: Hombre, sí, yo creo que sí, vuelve a llamar mañana, ¿de acuerdo?
Alicia: Sí, adiós.
Conserje: Adiós, buenas tardes…
*Pip, pip, pip*
No era el mismo hombre de la otra vez, seguro que el otro me colgaba el teléfono.
Bien, pues dada mi pesadez como persona, hoy he decidido volverlo a intentar, con la esperanza de que ese dicho tan famoso que dice que a la tercera va la vencida fuera cierto en todos los casos, y no sólo en cuanto al oído de mi madre. Pero… me he encontrado con una máquina con voz masculina al otro lado del teléfono. No me gusta comunicarme con máquinas, digamos que me he asustado, y he colgado. Después he vuelto a llamar, y he decidido escuchar con más atención, para ver qué tecla tenía que apretar, y me ha dicho algo parecido a:
Máquina: Bienvenido a la Escuela Oficial de Idiomas **********. Si quiere contactar con el departamento de alumnos, pulse cero. Si desea contactar con el departamento de alemán, pulse uno. Si desea hacerlo con el departamento de inglés, pulse tres *sí, se saltaron el dos*. Si desea hablar con el departamento de catalán, pulse cuatro. Si desea comunicarse con el departamento de español, pulse cinco. Si desea contactar con el departamento de francés, pulse seis. Si desea obtener información sobre la preinscripción y la matrícula, pulse siete. Si no desea ninguna de las opciones anteriores, espere un momento.
Yo quiero desapuntarme, así que supuse que la siete sería la mejor. Pulsé… y me habló otra máquina (esta vez voz femenina), y me dijo algo como: “Esa entrada no es reconocida. Vuélvalo a intentar“, y empieza a hablar de nuevo la máquina masculina, diciendo exactamente lo mismo. De nuevo, le doy al número siete, y de nuevo me dice que no la reconoce. Decidí colgar y llamar otro día. Mañana, por ejemplo. Será la cuarta vez consecutiva.
Pero quién sabe si mañana volverá a estar la máquina masculina repitiéndome lo mismo, y la máquina femenina diciéndome que no la reconoce…
Prisas
*Alicia hablando con el conserje de la Escuela Oficial de Idiomas por teléfono, a las 18:05 aprox.*
Conserje: ¿Sí?
Alicia: Hola, soy una alumna de la escuela y quería darme de baja, vamos, desapuntarme…
Conserje: Buff… pues tendrás que llamar mañana porque ahora secretaría está cerrado, ¿vale?
Alicia: Sí… ¿de qué hora a qué hora están?
Conserje: Por la mañana de 10:00 a 14:00, y por la tarde de 16:00 a 19:00, ¿eh?
*Cuelgan, dejandome a media palabra*
Quería preguntarle que qué pasa los lunes que a las seis ya se han ido, porque eran las seis pasadas y las de secretaría no estaban… No les interesa perder alumnos… Qué más dará un día u otro… Bah, mañana volveré a llamar. Si vuelve a ocurrir algo por el estilo… Bueno, ya veré, pero me vengaré. En realidad siempre digo que haré algo y luego no hago nada. Les atracaré para recuperar mis 150 euros *sonríe maquiavélicamente*
17 de noviembre
Profesora: Carlos, ¿fuiste a la exposición de robótica?
Carlos: No, iré el sábado que viene.
Profesora: El sábado ya no estará, fue hasta ayer.
Carlos: Sí, en el folleto ponía hasta el 17 de noviembre.
Profesora: Sí, el diecisiete de 17:30, ¡a esa hora abrían por la tarde! *risas generales*
Carlos: Pero que no… que el profesor de tecnología dijo que se pasaría el sábado…
Profesora: ¿No se referiría al pasado?
Carlos: … hum… puede…
Y varias pifias más protagonizadas por Carlos. El día de hoy en matemáticas no ha tenido despedicio
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Catorce añitos
Hace unos días llegué a casa sobre las 9:30 de la noche, y me encontré a toda la escalera reunida en el rellano de abajo, reunión de la comundidad, dicen. Pasé justo por en medio (no había otro sitio) y pillé a mi padre en una de esas discusiones que nunca entenderé, no porque hablen japonés, sino porque discuten sobre cosas que con dos o tres razonamientos ya estarían más que listas… pero en fin, les gusta discutir.
Al ratito mi padre subió a casa, y ésto fue lo que hablamos:
Papá: Los vecinos han estado hablando de ti.
Alicia: ?? ¿Qué han dicho?
Papá: Me han preguntado la edad que tenías, y yo he dicho que dieciocho. Y… no me creían.
Alicia: Pero… ¿Qué edad se piensa esta gente que tengo?
Papá: Catorce o quince.
Alicia: … *muere y cae al suelo con estruendo*
Así es, según los vecinos tengo catorce añitos. Qué fuerte. Aunque por lo que parece no son los únicos que lo piensan. En fin…
Ésto me hizo comerme un poco la cabeza. ¿Tan pequeña parezco? Qué trauma. Decidí preguntarle a gente de mi alrededor que qué edad me echaría si sólo me conociera de vista. La cosa fue así: una persona me dijo que 15, cuatro me dije que 16, seis me dijeron que 17, y una persona me dijo que 18. Creo que este último dato es despreciable… el que me lo dijo pues… no sé si… bueno, lo contamos, que fue el único que dijo que mi edad.
Me dicen que tendría que estar contenta de que me quitasen años, y yo digo que bueno, que uno o dos los perdono, pero cuatro… definitivamente, NO. Cuando vaya acercándome a los treinta ya será otra cosa, y espero que sigan quitándome tantos años de encima, pero ahora… si es que una vez nos dejaron entrar a todo un grupo de amigas a la discoteca, y por hacer rutina (supongo, porque nos dejaban gratis ya que una del grupo conocia a los dueños y a todo el mundo de allí) nos preguntaron la edad, y cuando llegaron a mí, y yo dije que dieciocho, se me quedaron mirando con cara de duda, diciendo “¿¿Seguro??” y yo, pobre de mí “Sí, si quieres te enseño el DNI *cara de asesina*”, y el chico no tuvo más remedio que decir que no importaba, que pasásemos todas…
En fin… que me quiten un par de años… bueno, lo entiendo. Pero… ¿¿Cuatro?? ¡¡Cuatro años!! Trauma adolescente. Sí, todo el mundo tiene traumas en la adolescencia; éste será el mío por excelencia.
Qué trauma…
Si es que las 8:00 a.m…
*Situación: Alicia se dirige a las 8:00 a.m (y algo más; llegaba tarde) a la puerta del instituto. A lo lejos ve a Yéssica, sentada, supuestamente esperando a Andrea para ir juntas a la universidad*
Alicia: *Silba. Yéssica no responde. Vuelve a silbar. Yéssica sigue sin reaccionar.* YÉSSICAA!! *Yéssica mira justo al lado contrario a dónde estaba Alicia*… AQUÍ!!
Yéssica: *Por fin se da por aludida* Aaaaah!! *risa* Holaaa!!
Es que las 8:00 son muchas 8:00, y nadie coordina… la próxima vez me llevaré un silbato de estos de ultrasonido, a ver si le hace más efecto que mis mega-silbidos-de-la-muerte… porque mira que no enterarse de mis silbidos…
Contar estrellas
Un día como cualquier otro, una niña decidió que quería aprender a contar. Nadie la enseñó, y durante años buscó a alguien que le enseñara. Pero no a contar como todo el mundo, sino de una manera que supieran muy pocas personas.
La niña, no tan niña ya, siguió buscando para aprender a contar como nadie sabía, hasta que encontró el libro perfecto: Cómo contar estrellas. La no tan niña había decidido hacía años que quería contar estrellas eternamente, y en cada estrella encontrar una historia que nadie conociese, historias inimaginablemente fantásticas, llenas de magia y de sueños. Se leyó el libro varias veces para no cometer ningún fallo. Y así, contando estrellas, la no tan niña pasó a ser una mujer adulta, y de ahí a una anciana de cabellos blancos.
En el momento de morir, pensó que había sido la mejor vida que podía haber vivido.
…
¿Por qué en las ciudades no se pueden contar las estrellas? (pregunta de “Ya lo sé, pero aún así… ¿por qué?”)
*Historias paranoicas, por Alicia*
Amenaza culinaria
Hoy yo misma he hecho la cena. A mi hermana arroz. A mamá dos huevos fritos con aceite y vinagre. A papá dos huevos fritos con patatas. Y a mí un huevo frito con patatas. Pues bien…
- El arroz me ha quedado un pelín crudo.
- De los cinco huevos que he hecho, la yema de tres se me ha roto cuando los echaba a la sartén.
- A saber si mis padres han encontrado trocitos de cáscara del huevo.
- Las patatas eran totalmente irregulares y cortas (claro, las he cortado yo).
- La mitad de las patatas se me han quemado.
Pero si a mí me gusta cocinar *llora desesperadamente*… y creo que muy pocas veces se me habían roto los huevos así *sigue llorando desconsoladamente*… y bueno era la primera vez que cortaba patatas para freírlas así a lo largo, pero yo… *continúa llorando desquiciadamente* yo quería que me salieran bien *snif snif, y deja de llorar*.
La próxima vez lograré que mis padres no me vean como una amenaza contra la buena cocina. O bueno, dejémoslo en cocina a secas… Si me pongo a hacer “buena cocina”… ¡Qué sacrilegio montaría!