“Burocracia”
Más rápido de lo que hubiera pensado nunca, estoy oficialmente empadronada en el piso de estudiantes que actualmente comparto con Amelia. Jana se fue, pero viene otra chica nueva en septiembre. Elisa, se llama.
Coger el bus, llegar a la oficina, pedir número, tocarme el turno al instante, atenderme un chico bastante simpático, salir a los 5 minutos de la oficina, volver a coger el bus… pasar por delante del centro de salud de mi zona, preguntar por el proceso del cambio de médicos, atenderme un par de enfermeros graciosillos (de buenas), salir a los… 7 minutos, y llegar a casa. Poco más de una hora.
Sin embargo, para pedir una beca para el próximo curso universitario… todo el proceso es telemático, tengo unas cuantas dudas y el teléfono que dan de ayuda no está disponible.
Aaaargggg…
La Luna
Alicia: Mira la luna, qué roja! Qué miedo!
Amelia: Ui, cuidado, que te va a comer!
Alicia: Naaah, conmigo no puede ni la luna, ni nada, ni nadie…
Amelia: *risa insinuante*… Raúl….
Alicia: … Anda, calla!
Qué cosas, qué cosas…
Un euro
El viernes estuve trabajando en mi querida caja del alma. Vino una chica de aproximadamente unos 20 años, y traía dos artículos iguales. Después de pasarlos, le digo el subtotal:
Alicia: 1’94 por favor.
Chica: *pensativa, con cara de mequierestimar*… ¿No era un euro cada uno?
Alicia: … Te sale a menos de un euro cada uno.
Chica: Ah, vale…
Aún me pregunto en qué estaría pensando esta chica.
Fantasmas
Hace unos días tuvimos una experiencia paranormal en el piso. Bueno, quizá no tanto.
Alicia sale del cuarto de baño y cierra la puerta. Amelia va a entrar al baño… puerta cerrada con pestillo por dentro. De esos pestillos que hay que girar una ruedecita en el pomo. Intentamos abrir con un clip del pelo. Inútil. Después con una tarjeta. Peor aún. La alternativa definitiva fue… Saltar la ventana.
La ventana (menos de un metro x 0’50m aprox) da al patio que tenemos, justo encima de la lavadora, y dando interiormente en la ducha. Amelia sacó los cristales, y se metió. No sé cómo no se mató. Y yo lo grabé todo.
Más tarde, explicando la anécdota a un amigo mío, me enteré de que era normal que se cerrase así, sola. Y que no era necesario tanto follón: un clip de papel (o el del pelo mismo) y saber que si aprietas en el agujerito del pomo, se abre casi sola nos hubiera evitado alguna que otra molestia.
Pero las risas que pasamos aquel día, y las risas que causamos subiendo el video a youtube, no tienen precio.
Aquí no hay quien viva
Como ya dije en el anterior post, vivo desde hace unas tres semanas con dos chicas, en un piso de estudiantes. Este hecho puede ser portador de muchas tonterías y situaciones varias que me encantará explicar aquí.
Entre ellas, que tenemos unos vecinos un tanto peculiares.
Lo primero que ocurrió es que dos días después de llegar yo, nos encontramos una nota en la puerta: “Tenéis la obligación de fregar vuestra parte del rellano una vez a la semana”. Ni las gracias.
Lo segundo fue que una amiga que nos vino a visitar, se encontró con el presidente de la escalera. “Hombree tú eres de las del XºYª? Sois las vecinas nuevas no? Qué bien! La verdad es que hacía falta renovar un poco el vecindario, con juventud y tal… Ale, cualquier cosa ya sabéis…“.
Lo siguiente fue que alguien llamó a la puerta. Dos policías, jóvenes, bastante de buen ver, nos dicen que unos vecinos han llamado diciendo que aquí, en nuestro piso, estaban haciendo mucho ruido y con música, como si fuera una fiesta. Dato uno: Estábamos limpiando el piso, y recibimos a los policías con nuestro pijama, nuestra bata de abuela, nuestro moñete de maruja y nuestras zapatillas del mercadillo. Dato dos: sí que había música, pero eran las siete y media de la tarde. Al final dijeron “Bueno, no pasa nada, seguid limpiando el piso“.
Lo último ha sido hoy. Amelia abre la puerta de abajo, en la que fuera hablan dos chicas “Que sí que sí que subas. Que no que da igual. Que sí que subas que no es lo mismo. Que no que da igual. Que sí. Que no.” y etc. Amelia les dice “subís??” esperando con el ascensor abierto y todo. Al final suben, y enmedio del trayecto del ascensor, le dice una de las chicas a la otra: “Pues estas creo que son mis vecinas. ¿Vivís en el XºYª?”. Y nosotras decimos que sí. Y la mujer super maja pero que se le notaba que fingía.
Pues les hemos caído muy bien a los vecinos, vaya.
Cambios II
Hace dos meses mi vida seguía igual que siempre. En casa, con mis padres raros. En el trabajo, con sus más y sus menos (más menos que mases). En clase, bien. Con el novio, en una especie de crisis que esperaría que se arreglase pronto.
Hoy, soy una chica independiente, con sus facturas por pagar, su armario medio vacío de estudiante y sus compañeras de piso alicantinas y algo locas. Bienvenidas a Mariposas, Amelia y Jana. Cosa que traerá más anécdotas tontas (ya tengo tres amontonadas, y subiendo).
También hoy, soy una chica independiente, “soltera” y sin compromiso. Las comillas vienen a que ya existe una personita un poco especial.
Qué cosas, qué cosas…
Todo lo demás, por suerte o por desgracia, siguen igual. Igual que siempre.
Nido de cotilleos
Eso es, justamente, la definición del sitio donde trabajo. Sólo necesitas que te pase algo para darte cuenta. Me dio una pequeña crisis de ansiedad, y en el momento una no se entera de nada. Pero cuando tienes a gente que de verdad te apoya, y te cuenta las cosas… “¿Qué le ha pasado a esta ahora?” “¿Problemas? ¿Qué problemas?” “¿Lo ha dejado con el novio?” “Pero, ¿Le ha dado así? ¿de golpe?”
¿De qué van? Me dan asco.
Pulpos
Hoy se han juntado dos hechos en la tienda.
- Por cada 60€ de compra en juguetes, te regalan un peluche de un pulpo (personalmente, me hace mucha gracia).
- Alicia estaba de bajón.
En caja, pensando demasiado, un cliente ha visto que precisamente bien no estaba. Le ha salido al cliente dos vales, uno de ellos el pulpo. Mientras le explicaba en qué consistía el otro vale, me interrumpe diciendo:
Cliente: Este es para ti, para que te animes un poco.
Todo un detalle. Gracias, perfecto desconocido. Gracias.
Altezas y Majestades y viceversa
Esto será un hito en la historia del blog: dos posts en un mismo día. Pero esto es algo que tenía que publicar, y sé que si lo dejo para mañana, después del súper examen de anatomía, y los ánimos que me queden, no voy a tener valor para publicarlo (entre otras cosas porque dormiré; mucho y muy pronto).
Cris y Alicia en el mostrador. Viene un cliente por un precio equivocado. Cris lo acompaña a ver el precio, parece que el hombre le contesta mal. Vuelven, y el señor coge unos artículos (a los cuales correspondían los precios que había visto) y pasa por la caja, pero sin pagarlos.
Cris: ¿Ha pasado los artículos sin pagar?
Cliente: … “Pos” sí.
Cris: ¿Y no se da cuenta de que eso es como robar? *yo no hubiera dicho eso, aunque me hubiera contestado mal antes, creo… aunque aún así, algo de razón llevaba*
La cosa se empezó a liar. El señor llamó maleducada a Cris, Cris se defendió. Él dijo que ella lo había llamado burro y cegato cuando esto no era cierto. El señor decidió poner una hoja de reclamación, pidió el nombre de Cris a otra compañera, la cual no tiene porqué darlo, y estando Cris delante.
Cris: Usted ponga la reclamación, pero me parece que no debería jugar con el puesto de trabajo de las personas *chapeau*
Cliente: Tú te callas la boquita.
La cosa se lía más aún. Cris dice que por qué se tiene que callar, bla, bla. Por fin sale la coordinadora, Raquel. Cris le estaba dando al cliente la opción de poner igualmente la reclamación, dándole la ficha del nombre para que lo escribiera, el cliente tira la ficha al suelo. Raquel defiende a Cris, diciendo que no es en absoluto una mal educada, que él y ellas estaban exactamente en el mismo nivel, y que él no es nadie para decirle a la pobre chica que cierre la boca.
Cliente: Si yo digo de poner una reclamación, ella lo que tiene que hacer es callarse, y dármela, ¡y punto!
Raquel: Le repito que ella no tiene por qué callarse si usted la ofende o la trata mal, y aquí tanto usted como yo estamos al mismo nivel.
Cliente: Vamos a ver; tú eres el vendendedor-alteza, y yo aquí soy el cliente-majestad; que aquí si yo no pago, tú no cobras, ¿te enteras?
Raquel: No se equivoque; si yo cobro es, aparte también de que usted pague, por mi trabajo bien hecho, que le quede claro, y que usted pague no le da derecho a tratar a las empleadas mal…
El hombre siguió gritando, y al final dijo gritando que por no jugar con el puesto de trabajo de la gente que no le ponía la reclamación.
Tal como se fue de allí lo vimos quejándose al director.
Dónde vamos a llegar… de verdad, estas cosas no están pagadas.
Sacando sonrisas (y risas)
Soy torpe. Ya lo dije hace un tiempo por aquí, aunque refiriéndome a otro tipo de torpeza.
16:09. Alicia llega tarde a clase de fisioptología (cosa que no sorprende). Entra por la puerta de atrás, sigilosa, con cuidado, sin hacer nada de ruido. Todo bien.
*Nota: las sillas de clase son de esas que se autoplegan si no hay un peso o fuerza que lo impida*
Prosigamos. Saluda a su compañera, que le quita la mochila de la silla donde Alicia se va a sentar. Uno, dos… y tres. Alicia se deja caer en la silla.
¿En la silla? AL SUELO. Evidentemente, la silla se había plegado. Tres filas de alumnos riéndose en silencio no pasan desapercibidos, por lo que la profesora se acaba dando cuenta de que pasa algo:
Profe: ¿Qué hace tanta gracia? ¿A ver? ¿Puedo subir?
Decido levantarme. Cara atónica de la profesora.
Profe: ¿… Qué ha pasado?
Alicia: *entre risas* ¡Que me he caído al suelo!
Profe: ¡Ay! Yo siempre me caigo… me caí en la Alhambra, en un templo griego… tengo la costumbre de caerme siempre en piedras sagradas… Pero, ¿no sabéis que no es bueno reírse de la gente que se cae?
Mireia: Pero si ella se ríe más que nosotros…
Las risas se van apagando, poco a poco. Parecía que todo se había calmado, cuando…
Profe: … Y el pH… ¿Sabéis qué pH tiene la sangre humana?
Iluminada de la vida: 5’5
Profe: ¡UY! ¿5’5? Si tú tienes un pH en sangre de 5’5 estás peor que *me mira* la que se ha caído antes.
*risas*
Y no tuvo suficiente:
Profe: … La palabra enfermo viene del latín “in firmus” que significa “no firme”; se le dio este nombre porque decían que una persona sana va más erguida que una enferma, que apenas se puede tener de pie *me vuelve a mirar*… a no ser que te caigas.
*más risas*
Creo que me he ganado el mote de “la que se cayó en fisiopatología“. Bueno; me servirá para recordar uno de los momentos en que más vergüenza pasé en mi vida, pero a la vez uno de los que más me reí.
Y como iba diciendo… SOY TORPE. Sin remedio. Para qué negarlo.
Cambios
Las alegrías no duran eternamente, y aunque nunca he hablado de mi familia excepto para meterme con mi hermana, las cosas no van bien desde hace años, por lo que mis padres han decidido separarse. Papá se va de casa, a pesar de lo injusto que me parece. Debe ser cosa de la edad, porque aunque a mi padre le parece de los más sensato, ni a mí ni a mis amigos más cercanos (gente aproximadamente de mi edad) nos parece justo. Circunstancias varias que no voy a explicar aquí.
Quizá sea el primer y último post a lo personal-muypersonal, pero necesitaba contarlo aquí; quizás dentro de unas semanas no me sienta como en casa más que aquí.
Liándola parda
Soy torpe. A veces mi boca va más rápida de lo que mi cerebro puede pensar, y la lío. Hoy ha sido una resbalada brutal con una compañera del trabajo…
Atención al cliente. Estábamos Cristina y yo “controlando” el fondo de una caja (hacer un control de cajón quiere decir, sacar una lista de todo lo que se ha hecho en esa caja y el dinero que en principio debería haber, contar el dinero que hay y hacer la diferencia… pura información trivial para la “cagada”). Daba la casualidad que en esa lista, salía que teníamos de dinero “2929,29€”.
Alicia: ¡Mira! ¡2929,29!
Cris: *ríe* Ais, Álvaro siempre se fija en estas tonterías también.
Alicia: ¡Es que somos géminis!
Cris: …?
La cara extraña que se le quedó a Cris viene por lo siguiente: Álvaro es un chico que también trabaja en el mismo centro, pero en otra sección. Yo lo conozco de vista y poco más, así que no debería saber esa información. Álvaro es el novio de Cris, como ya se habrá supuesto. Y tengo entendido que Cris es algo celosilla. A los dos minutos la conversación ha proseguido:
Cris: Alicia, tú… ¿cómo sabes eso?
Alicia: ¡Ah! Nada, el facebook… de un perfil al otro fui a parar al de Álvaro. No lo tengo agregado ni nada, pero sale la fecha de nacimiento y me fijé, y vi que era géminis también… ¡Es que soy una chafardera!*máxima naturalidad posible*
Cris: Ah… *ríe* yo también chafardeo de vez en cuando…! ¿Y tú crees en esto de los horóscopos?
Creo que he salido bastante bien. De todas maneras, lo que le he dicho es totalmente cierto. Espero que no empiece a cogerme manía por el comentario…
Ésta no ha sido la única vez que he dicho algo que no debería haber dicho. Es más, recuerdo una muchísimo peor. Dos, de hecho, en el mismo día. Pero la “muy gorda” fue una de ellas. Leyendo una encuesta con un amigo, leí una pregunta al azar: “¿Vives con tus padres?” y autocontesté “Pues sí”. Mi amigo contestó “Pues yo no”. No caí en que su padre murió hace 3 años… En fin, torpeza parte mil.
Sin embargo no soy la única que la lía de vez en cuando. En mi trabajo, sin ir mas lejos. Raquel, una de las coordinadoras, hace poco vino diciendo: “Una que intenta ser simpática y la lía, ¡me voy a quedar callada a partir de ahora!”. Y es que tenemos sobrantes de unas mochilas-nevera promocionales de Danone, y las vamos dando a la gente. Raquel vio a un señor mayor y le dijo “¿Que tiene nietos? ¿Quiere una mochila para ellos?”, a lo que el cliente le contestó “No, tengo un niño de cuatro años”.
No soy la única torpe
.
Enfermera sexy
Alicia es la indecisión personificada (cuántas veces me habré autodefinido así…). Hoy me corto el flequillo, después me arrepiento. Hoy me compro una camiseta de la que me he enamorado, mañana la devolvería. Hoy estudio biología, mañana me decido por magisterio y pasado por enfermería. Sí, enfermería. Tercer intento, a por ello.
El caso es que por todo esto se ha causado un pequeño revuelo en mi empresa. Hablé con mi jefe, y le dije que quizá debería reducir horas, por teléfono. El señor lo fue contando por ahí. No pasaría nada grave si no hubiera como 3 o 4 lagartonas envidiosas que quieren mis horas por encima de todo. Y el jefe lo sabe. Me vinieron dos chicas (una lagartona y la otra no) preguntándome por el acontecimiento. Se lo comenté a mi jefe, y me contó una mentira una posible pero nada probable manera de cómo se podrían haber enterado. Me encanta.
Pero al final no reduzco. Por desgracia de las lagartonas y las cotillas. Mi jefe me montará el horario de manera que pueda trabajar, estudiar y hacer los trabajos en casa. Ou yea.
¿Miau?
Benditas vacaciones cuando llegan, malditas cuando se van. Después de estar tres semanitas en un lado, luego en otro, luego en otro, hoy es mi último día de vacaciones.
Pero tengo algo bueno desde hace algo más de un mes! Y es que…
Compañera 1: Alicia, tienes una llamada en atención al cliente. Ve, que me quedo yo en tu caja.
Alicia: *preocupadísima pensando que habría pasado algo, ya en el mostrador* ¿Tengo una llamada?
Compañera 2: Sí; es el director *cara de asombro*
Alicia: *doble cara de asombro, contestando al teléfono*… ¿Sí?
Director: Hola, ¿Alicia?
Alicia: Sí, dígame.
Director: ¿Verdad que decías el otro día que querías un gatito?
Alicia: *pasando del asombro a la emoción*¡… Sí…!
Director: ¿Sabes dónde está el cuarto del envío verdad?
Alicia: ¡Sí!
Director: Anda, ven acá, corre…
Mi sorpresa fue encontrarme cuatro gatitos casi recién nacidos durmiendo en una cajita de cartón. Toda esta historia vino a que días atrás se coló un gatito de los del almacén en la tienda, y estábamos intentando cogerlo entre el director, el de mantenimiento y tres cajeras (yo incluída), y yo no dejaba de decir “¡Aiii quiero un gatitoooo!“… el director, que se sabe mi nombre desde que llegó, pensó en mí al encontrar estos gatitos en el almacén… ¡Y ahora tengo dos!
La historia real: Eran cuatro, yo me quería quedar uno (rayadito, atigrado oscuro, guapísimo), y entre las cajeras intentamos repartir el resto con los clientes. Pero sólo pudieron dar uno a unas chicas (uno gris, también monísimo… me lo hubiera quedado yo de no ser porque era gata!). Los otros dos (blanquitos, prácticamente iguales) parecía que se iban a quedar ahí, pero pensamos en que otra compañera hacía unas semanas decía que quería un gatito para su sobrina, y al principio lo iban a dejar allí. Otra compañera dijo que se quedaría el que quedaba por repartir, pero que trabajaba y vivía sola y no podía estar por él (teníamos que darles bibe y todo!)… así que otra compañera dijo que se lo cuidaría el primer mes, hasta que comiera e hiciera sus necesidades solito (en este caso solita!). Y en principio se quedaba el otro blanquito solo a la espera de la compañera que lo quería para su sobrina… pero ella ese día tenía fiesta y hasta el día siguiente no se lo podían dar, así que para que no se quedase solo me lo llevé yo también.
Al día siguiente volví al trabajo con el gatito blanco, con una pena enorme… Pero por varios motivos al final la chica no se lo pudo quedar, y me lo quedé yo también! *risa maléfica*… Así que no tengo un gatito, sino dos! Guapísimos, con ojazos, tremendos! Están enormes comparándolos con el principio…
Tan bonitos…
¡Pero mañana a trabajar!
Mujeres (hombres…)
Hoy es domingo. Debería estar trabajando, pero hoy es un día especial. Hoy es uno de mis festivos de apertura no trabajados. Y ayer sábado tampoco trabajé. Así, cualquiera adora las rebajas. Las adoro.
Pero no puedo evitar pensar en mi repudiado querido lugar de trabajo. Pienso en que hoy no viviré situaciones como una que viví el viernes, entre otras… Pero esta fue la más “graciosa”. Las demás… hubiese estampado al cliente contra el escáner de la caja.
Situación: Alicia está en la caja del envío a domicilio. A resaltar, que antes no se hacía así. Antes reservabas hora en atención al cliente antes de hacer la compra. Ahora hay que reservarla después de hacer la compra, en la misma caja. Marrones para las cajeras. Se acercan una pareja de mediana-alta edad.
Alicia: ¿Es un envío?
Señor: Sí
Alicia: ¿Tiene la tarjeta del envío?
Señor: ¿Qué tarjeta?
Alicia: … Hace falta una tarjeta para el envío a domicilio.
Señor: Pero si no informan, ¿cómo lo voy a saber?!
Alicia: Por eso, antes de hacer nada, uno se informa en atención al cliente…
Señor: Bueno, ¿puedo pasar la compra y luego ir a hacérmela?
Alicia: Vale, cuando acaben me dejo aquí al compra y van en un momentito. ¿Hay algo que se lleven a casa?
Señor: Ya lo escogeremos después.
Alicia: …….. Hay que separar la compra para que los repartidores sepan lo que se llevan al reparto.
Señor: … ME CAGO EN ***************.
Mientras tanto, la señora hablaba con la otra señora de detrás.
Señor (a su Señora): ¡Que nos tenemos que hacer una tarjeta!
Señora: ¿Qué tarjeta?!
Señor: La del envío, ¡o algo así!
Señora (a mí): Pero, ¿no es ésta?
Alicia: … Sí. Su marido me había dicho que no la tenían.
Señora: ¡Ay, señor! Tú no le hagas caso. Mira, cariño, te he separado lo que nos llevamos, está lo primero de todo.
Mientras, el señor despotricaba y refunfuñaba, y entre tanto taco le oí decir:
Señor: ¡Si es que con mujeres no se puede ir a comprar!
Y la señora me decía:
Señora: Te juro por mis hijos que es un buen hombre. ¡Qué paciencia tienes que tener, para aguantar a gente como nosotros!
Alicia: Hay follones peores, no se preocupe
.
Y tanto que hay peores. Como decía, comparado con el resto de follones que tuve ese mismo día, este hombre era un sol. La conversación estrella, con otra señora, fue:
Alicia: ¿Tiene la tarjeta club?
Señora: No, “me s’ha orvidao“.
Alicia: Entonces le tengo que cobrar 5 euros del envío.
Señora: “Pos” se la pido a la de atrás.
Alicia: No sé yo si eso se puede hacer… déjeme consultarlo.
Yo llamaba por teléfono al mostrador de Atención al Cliente. Mientras hablaba, la señora decía cosas que más me valió no haber escuchado. Pero la coordinadora maja, Sara, me dijo que debía hacerse una tarjeta nueva y luego hacer el traspaso de puntos. A la señora no le sentó bien la opción que le dábamos.
Señora: Mira, da igual, cóbrame los 5 euros. ¿Ya estás contenta? Qué simpática que eres, que has tenido que llamar para preguntarlo. Qué simpática.
Alicia: Gracias, gracias
, pero es que resulta que si hago algo mal a quien le echan la bronca es a mí, no a usted.
Señora: Qué lástima, y pensar que hay gente más simpática que tú en el paro, qué lástima de gente.
Alicia: Entonces… ¡Qué suerte que tengo!
Señora: …
La señora de después en la cola, me dijo que también me llamó pija y no sé qué más. En fin.
Pero yo estoy de fiesta hoy
. Uno de los peores festivos de apertura del año (porque, en realidad, todos son malos).